ALGUNAS VECES, PERDIENDO SE GANA MÁS

El éxito en la vida no es la ausencia de aflicción, ni la ausencia de crisis, ni la ausencia de problemas. Más que evitar que sucedan los problemas, la clave está en cómo los afrontamos, y cómo reaccionamos ante las situaciones de crisis. Se da mayor testimonio cuando estamos en medio de una crisis que cuando estamos en una situación cómoda; pero todo depende de la forma en que respondemos ante la frustración y de la actitud que tengamos cuando alguien no está contento con nosotros.

Ninguna aflicción es causa de gozo, pero producen fruto

Ciertamente ninguna aflicción en el tiempo presente es causa de gozo, pero las aflicciones producen fruto, y esto se aplica para todas las áreas de la vida: la espiritual, la familiar, la social y la laboral.

El éxito en la vida no es la ausencia de aflicción, ni la ausencia de crisis, ni la ausencia de problemas. Más que evitar que sucedan los problemas, la clave está en cómo los afrontamos, y cómo reaccionamos ante las situaciones de crisis.

Se da mayor testimonio cuando estamos en medio de una crisis que cuando estamos en una situación cómoda. Hay más oportunidades de fidelizar a un cliente cuando hay un problema, que cuando todo marcha bien.

Pero todo depende de la forma en que respondemos ante la frustración de un cliente, de una pareja, de un jefe o de un colega; todo depende de cómo reaccionamos cuando las circunstancias no marchan bien, de la actitud que tengamos cuando alguien no está contento con nosotros.

Cuando reaccionamos con amabilidad ante una crítica, ablandamos el corazón de quién nos critica. “La blanda respuesta calma la ira” Proverbios 15:1 y la “bondad guía a un cambio de percepción, a un cambio a la manera de pensar”.

Si escogemos sufrir la afrenta en lugar de afrentar al otro, vamos a ganar mucho más, vamos a ganar terreno en el corazón del otro, vamos a ganar respeto y confianza de su parte, vamos a ganar paz y tranquilidad de haber vencido el mal con el bien, y de haber dado un buen testimonio.

Ver cómo los otros cambian sus lanzas por comprensión, sus críticas por retroalimentación, su ira por amor es la mayor recompensa que podemos tener. Es en estos casos, donde perdiendo, se gana más.

Siempre queremos ponernos por delante, siempre buscamos tener la última palabra, siempre estamos anteponiendo las necesidades nuestras ante las necesidades de los demás, y es lo común, pero no es lo normal.

La ciencia ha comprobado que somos más felices, literalmente más felices químicamente, cuando volcamos nuestra vida y nuestros pensamientos al servicio de los demás. Somos más felices cuando hacemos felices a otros; somos más felices dando que recibiendo; somos más felices ayudando que siendo ayudados.

¿Entonces, por qué elegimos el camino que menos retribución nos da?

Las personas que son conscientes de la felicidad que les brinda estar al servicio de los demás, escogen mejor sus reacciones ante las crisis; ante las afrentas; ante las críticas; ante las acusaciones.

La próxima oportunidad que se te presente de ser criticado, elige el camino que más te dará felicidad: elige responder con amabilidad, con comprensión del otro, con entendimiento de sus emociones, de sus frustraciones, de sus desencantos; elige comprender la causa de su enojo; y elige reaccionar con amabilidad.

Recuerda: “la blanda respuesta calma el enojo” y no solo calma el enojo del otro, también calma tu enojo.

Haz todo lo contrario a lo que el otro espera que hagas cuando te vulnera: al que te pida, dale; al que te ofenda, ama; el amor vence el mal, el amor derrumba las barreras, el amor tumba las murallas. Elige amar, antes de ser amado. “La verdadera fidelidad es de quién la da, no de quién la recibe”. Decide serle fiel al amor, a la humildad, al servicio; y serás recompensado.

El éxito no está en conseguir lo que queremos, no siempre lo que queremos es lo que más nos conviene. Toda medida de éxito, y toda concepción de éxito siempre están en busca de un mismo fin: paz y tranquilidad; todo lo demás son un medio para conseguir estas dos cosas que busca el hombre: paz y tranquilidad; de lo que no se dan cuenta muchos, es que para conseguir estas dos, no es necesario un “Gran trabajo”, no es necesaria las “Muchas riquezas materiales”, no es necesario “Defenderse de todo y de todos”; más bien es necesario perder el miedo a perder, despojarse del deseo de tener, y servir a los demás desde nuestra capacidad, para vivir sin miedo a perder, sin miedo a ganar, y con el deseo genuino de aportar.